Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión necesaria sobre el momento que vivimos. Al iniciar el 2025, la Organización Mundial de la Salud nos advertía con cifras alarmantes: más de 500 millones de personas en el mundo padecían de depresión y ansiedad. Ya avanzamos en el 2026 y esas cifras siguen incrementándose y tristemente muestran una realidad mundial.  Estos síntomas, son indicadores de que algo en nuestro estilo de vida no anda bien y el contexto empresarial es uno de los termómetros que nos indica un desajuste importante.

Es un hecho que en México se ha incrementado el agotamiento laboral —el famoso burnout— que se puede manifestar de diferentes maneras:  un ausentismo crítico, una rotación de talento constante y, lo más preocupante, casos frecuentes de ataques de pánico entre colaboradores. Además, hay otros síntomas más sutiles que se observan también y afectan al desempeño laboral como, la falta de enfoque, la “niebla mental” y la lentitud  para la toma de decisiones.

Como agentes de cambio, hoy más que nunca es nuestra responsabilidad facilitar entornos donde podamos salir del modo sobrevivencia, que desde pandemia se vienen agudizando.  Debemos invertir en la seguridad psicológica, el salario emocional y desarrollar el pensamiento sistémico que nos permita diseñar soluciones que transformen y trasciendan sin seguir heredando los mismos problemas a las siguientes generaciones.

Algunas de las recomendaciones que podemos compartirte y que nos dan los neurocientíficos y las ciencias del bienestar para contrarrestar estos efectos son:

 

1. El «Modo Supervivencia»: dejar de vivir en el miedo

 

El modo supervivencia es un estado de alerta constante que impide el crecimiento. En 2026, todavía muchas empresas siguen gestionando bajo este esquema y se observa en algunos comportamientos como la falta de colaboración, las luchas de poder, la “parálisis o lentitud” en la toma de decisiones.  Biológicamente esto se explica porque el cerebro de nuestros equipos y líderes está ocupado en defenderse de la “amenaza latente”, en lugar de generar soluciones innovadoras, construir redes de apoyo y ser creativos.

 No solo se trata de cansancio; se trata de una incapacidad neurobiológica para resolver problemas a futuro y ver posibilidades.  La alerta constante, solo desgasta y eleva aún más los niveles de cortisol y adrenalina, que sí son buenos para trabajar bajo presión, pero que a la larga deprimen el sistema inmune y ponen en riesgo la salud y el bienestar de nuestro capital humano.

 

Diagrama de la intersección entre bienestar laboral y cumplimiento de la NOM-035 en México.

2. Construir Seguridad Psicológica:

 

Otra de las recomendaciones, es construir seguridad psicológica en nuestras organizaciones.  Esta se construye de muchas maneras:  eliminando el miedo al castigo o la humillación por haber cometido un error; permitiendo la comunicación estratégica, generando conversaciones poderosas para generar acuerdos, hacer peticiones y ofertas, pedir ayuda, expresar la vulnerabilidad y sobre todo para aprender en equipo. En lugar de buscar “culpables”, se crea una cultura de responsabilidad compartida y de accountability.  Hoy más que nunca, como líderes tenemos que enfocarnos en desarrollar la  inteligencia colectiva  y el aprendizaje organizacional, que sigue siendo, como ya  Peter Drucker * lo mencionaba,  la única ventaja competitiva sostenible.

 

El desafío: construir una cultura de salud y bienestar integral

 

Hay mucho camino por recorrer en el tema de la salud mental y el bienestar laboral.  Y gracias al coaching, a las neurociencias y a los nuevos modelos de liderazgo podemos seguir construyendo mejores escenarios, más amables y humanos para brindar a nuestro capital humano la calidad de vida que se merece.

 

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