¿Puede un decreto cambiar tu realidad?

En los últimos años se ha popularizado la idea de que “decretar” es la clave para lograr lo que deseamos. Se nos invita a declararlos con fuerza y esperar a que este simple acto los materialice.

Sin embargo, ¿es realmente el decreto la base de lo que somos capaces de construir? La experiencia demuestra que el verdadero motor de transformación no está en lo que promulgamos, sino en lo que decidimos y en las acciones que emprend4emos para lograrlo.

Cada elección, va configurando lo que somos y lo que seremos. Decidir es un acto de libertad y de responsabilidad que irremediablemente abre o cierra  posibilidades. Los hábitos que cultivamos, las relaciones que mantenemos y los proyectos que emprendemos son consecuencia de nuestras decisiones.

El decreto puede ser un primer paso inspirador, una forma de enfocar la mente y predisponer la actitud. Tiene el encanto de su sencillez, no requiere recursos externos, solo palabras y convicción. Transmite fuerza, certeza y autoridad, genera confianza en quien lo pronuncia y su repetición puede influir en la percepción, la motivación y la disposición a actuar. En un mundo que valora la inmediatez, decretar parece una vía rápida para “activar” cambios.

Decidir en cambio nos obliga a movernos, a dar un paso real, a asumir riesgos y consecuencias, restando la injerencia de factores externos y, desde la conciencia a preguntarnos;

  • ¿Esta decisión me acerca o me aleja de lo que quiero?
  • ¿Qué impacto tendrá a corto y largo plazo?
  • ¿Está alineada con mis valores?

            ¿Qué decisión concreta puedo tomar hoy para acercarme a ese decreto?

  • ¿Qué hábito o acción repetida convertirá esa afirmación en construcción real?

El año que está iniciando, es un excelente momento para     que decidas como quieres transitarlo y que esperas al final de este: Imagina decide ¡Y actúa!