Que el coaching está de moda es algo evidente, busca coaching en cualquiera de las redes sociales y aparecen un sinfín de entradas al concepto.
Inicio en los años 70 junto con otra legión de modelos que aseguraban ser la cura para solucionar las múltiples inquietudes que sobrelleva la gestión empresarial y que, al no adecuarse a las necesidades reales y de la empresa, se fueron tan rápido como llegaron.
Sin embargo, el coaching sobrevivió y ha ido ganando importancia al ser una disciplina que reúne conocimientos de diferentes escuelas enfocadas a potenciar al ser humano, como la mayéutica, la terapia racional emotiva, la psicología centrada en el cliente o la cognitiva conductual.
Cómo toda moda, también es la oportunidad para que muchos charlatanes se aprovechen del momento y vendan como coaching algo que no lo es. Así vemos que el termino se antepone indiscriminadamente a múltiples prácticas algunas tan francamente absurdas como las que se apoyan en el pensamiento mágico como el coaching con ángeles o coaching con prácticas chamanes.
El coaching se “vende” como un remedio milagroso para todo, olvidando que todo problema es multifactorial
Lo que personalmente me parece profundamente peligroso es que sea utilizado con tanta ligereza por aficionados del cambio personal como sucede en el coaching coercitivo.
Citando a Cerezo, Calixto y Espinoza en su artículo “Análisis psicosocial y neurobiológico del coaching coercitivo”) el modelo también es llamado “el coaching de la estafa” generalmente captan a personas vulnerables a las que prometen una vida más plena. El sistema de creencias de la persona es atacado constantemente. Héctor Cerezo Huerta lo llama “Lavado de cerebro sin shampoo”
Los participantes son sometidos técnicas que vulneran su dignidad y sugieren que provocar el ser humillados y sufrir el dolor emocional, son elementos necesarios para desarrollar su potencial
El coaching se convierte en el espacio que sustituye a los amigos y familia. Se «ejerce un control sectario» a través de la persuasión coercitiva. El usuario se siente presionado de ser fiel al equipo y a estar comprometido con sus metas.
Comencemos diciendo que NO es coaching.
No es psicoterapia, para hacer psicoterapia requerimos de una formación profesional. Desde el coaching no se trabajan patologías, problemas emocionales, fobias o adicciones. Trabajamos con personas que tienen los recursos para hacer frente a diferentes situaciones, pero que aún no saben cómo hacerlo y el coach, a través de preguntas, lo acompaña a descubrir el camino.
No es consultoría, el consultor es un experto en un área determinada, que realiza un diagnóstico y receta acciones conducentes a solucionar los problemas detectados.
Para que no pase de moda:
Reconocer y promover la certeza de que el coaching no consiste en una práctica directiva sino orientativa. El proceso no resuelve el problema, ayuda a descubrir el problema y otorga herramientas para que sea el coacheé quien lo resuelva.
Es sobre todo una «autorreflexión orientada a resultados». Ya sea que devenga en una nueva conducta o en una reflexión profunda nuestra manera particular de observar los acontecimientos y que quizá, justo ese sea el inconveniente.
Un buen coach no se forma en un cursito de fin de semana, revisando videos, o leyendo un libro, necesita pasar por una formación rigurosa, seria y supervisada. Que cumpla las competencias que los organizamos internacionales definen como indispensables en la profesión, como las ocho competencias de la ICF.