En tiempos donde la velocidad y la inmediatez son las directrices de gestión, el liderazgo consciente parece una utopía. Generalmente las empresas:
• Valoran métricas rápidas, lo que deja poco espacio para la reflexión, la empatía o el propósito.
• Se premia al líder que “hace más en menos tiempo” y no al que construye culturas conscientes.
• No hay tiempo para conectar con uno mismo, mucho menos con los demás.
Estos parámetros se contraponen con los pilares del liderazgo consciente:
• Autoconciencia: Conocer las fortalezas, valores, emociones motivaciones y debilidades propias, así como el impacto de mi gestión en los demás.
• Empatía: Conectar con el entorno comprender sus expectativas y construir ambientes de confianza y seguridad.
• Integridad: Actuar con transparencia y consideración, buscar el bienestar colectivo y la sostenibilidad.
• Propósito claro: Liderar con una visión que trascienda lo económico.
• Solidaridad: promover el crecimiento equitativo y motivar a las demás a alcanzar su máximo potencial a través de una cultura de apoyo.
Pero, ¿qué pasaría si como dice Francisco Martorell, “la utopía …es crítica activa del presente para imaginar futuros posibles” y a partir de ella, más que grandes transformaciones, se incorporen pequeñas acciones que impulsen el cambio? Quizá introducir momentos breves de reflexión, como respiraciones 4-4-4 o realizar preguntas que promuevan la consciencia y guíen el comportamiento:
• ¿Qué valores tuyos están presentes en esta decisión?
• ¿Qué discurso puede abrir posibilidades hoy en tu equipo?
• ¿Qué conversación estás evitando que podría transformar tu cultura?
• ¿Qué práctica breve puedes incorporar para liderar con más calma?
El liderazgo consciente aún no es la norma, pero puede ser el propósito para construir un cambio trascendente y perdurable.
Sandra Ocampo