En las organizaciones donde el conflicto se disfraza, se maquilla con eufemismos, o diluye en correos, lo no dicho se acumula y lo que no se confronta, se empobrece. En ellas:
- El feedback que no se da por “no herir susceptibilidades”.
- La incongruencia se calla “para no meterse en problemas”.
- La decisión injusta se acata en silencio “porque ya sabemos cómo es esto”.
Callar puede parecer prudente, pero cuando el silencio se vuelve una rutina, deja de ser protección y se convierte en complicidad.
Cada conversación evitada tiene un costo:
- Generar una cultura de simulación, donde todos sabe lo que sucede, pero nadie dice nada.
- Conflicto de actuación: El que habla es etiquetado como conflictivo. El que calla, se fractura por dentro.
- Liderazgo complaciente. Se premia al que no incomoda, al que sigue la corriente.
En una cultura donde se entrena a las personas a no hablar, a no cuestionar para sobrevivir hay un impacto brutal en el pensamiento crítico y la innovación.
Si quieres transformar la cultura, empieza por entrenar a tus líderes para sostener conversaciones difíciles desde la responsabilidad, a escuchar sin defenderse, abrir posibilidad y confrontar sin romper.
Antes de iniciarla una conversación difícil define el propósito más allá del resultado y contesta: ¿Qué cultura quiero sostener? ¿Qué quiero que se entienda, se decida o se transforme?, después estructura tu mensaje y visualiza el escenario.
Sandra Ocampo