¿Tú detienes el cambio?

Cambiar no es traicionar el pasado  sino honrarlo. Reconocer que lo que nos trajo hasta aquí  ya cumplido su misión. Cada emoción, cada logro, cada error son los soportes de nuestra identidad; pero no debemos convertir la memoria en guía y dejar de vivir una nueva versión.

La resistencia es una lealtad profunda a lo que fuimos, a lo que nos dio sentido, Cambiar duele por que exige soltar nuestra narrativa recurrente, nos confronta a ser capaces de vivir en una realidad que desconocemos. El cambio transforma,  desordena,   obliga a modificar creencias y rutinas confortables, provoca duelo, y exige renuncia, induce a vivir momentos de  vacío, como el de los trapecistas del circo cuando sueltan la barra que los sostiene  y quedan en el aire unos instantes antes de encontrar  el nuevo asidero.

En las empresas, en el discurso oficial se habla de cambio, de transformación digital, de cultura ágil, de liderazgo consciente y al mismo tiempo se siguen premiando las conductas tradicionales, repitiendo modelos caducos por miedo a perder identidad, eficiencia, estatus y control. Se decora lo viejo con  cursos, slogans campañas y planes estratégicos, pero hay una gran diferencia  entre hablar de cambio y asumirlo, entre perpetuar la tradición sobre la cultura viva.

Más allá de frases inspiradoras, el cambio  exige incomodidad.  No basta con capacitar. Hay que confrontar. ¿Qué cultura estamos perpetuando al no cambiar? ¿Qué valores decimos tener y cuáles realmente vivimos? El cambio organizacional comienza con  conversaciones incómoda que quizá preferimos no tener y quizá solo realizamos simulacros de cambio.

Resistir el cambio es humano, perpetuarlo es irresponsable.

Sandra Ocampo